Guía para viajar en bici por Italia (y en pandemia)


Hacían casi cuarenta grados de sensación térmica. Habíamos frenado a la sombra sobre la ruta montañosa de Basilicata. Yo me senté en un murito abajo de un árbol y tomé un litro y medio de agua sin pausa. Nico, flaco y bronceado, estaba sentado en el piso en frente mío, y con la cara empapada de transpiración, me dijo:
—¿Y? ¿Le recomendarías este viaje a alguien?


195 días viajando de SUR a NORTE por más de 170 pueblos y ciudades de Italia, en bicicleta y con una pandemia de por medio: ¡esta es toda nuestra experiencia!


¿Cómo es viajar por un país de punta a punta, en bicicleta, frenando en cada pueblo, hablando con los locales, probando comidas, haciendo amigos?

Dicen que la voluntad mueve montañas —o mejor, las atraviesa.

No teníamos idea de qué se trataba viajar en bicicleta, pero lo hicimos igual. Nos movimos con intuición y con mucha voluntad porque teníamos muchas ganas de viajar. No creemos que haya forma perfecta de viajar en bici, como no hay forma perfecta de viajar a dedo o en tren. Lo único que teníamos eran ganas de conocer, de estar en movimiento. Lo demás, lo aprendimos en el camino.

Este es un resumen técnico de un viaje lento durante una pandemia: cuánto gastamos viajando en bici por Italia, los tiempos, las distancias, cómo buscábamos dónde dormir y muchos, muchos datos de color.

Este artículo se escribió en muchos días y con esta lista de Spotify de fondo: buena compañía para leerlo.



El 23 de noviembre de 2019 salimos desde Rosolini, un pueblo al sur de Sicilia, en dos bicis recién compradas, con el objetivo de darle la vuelta a la isla durante la espera de nuestras ciudadanías italianas. En el medio de ese giro a la isla, vivimos un mes en un camping, viajamos a Roma a pasar año nuevo y también nos quedamos tres meses quietos cuando decretaron el primer lockdown por el COVID19.
El 22 de junio, un día después de que empezara el verano europeo, decidimos seguir de viaje con la idea de llegar a Barcelona en bicicleta.
El 30 de octubre de 2020, después de un año viviendo y viajando por Italia, y a cien kilómetros de la frontera con Francia, apareció la nueva ola de covid que nos forzó a vender las bicicletas y llegar a España en bus. Al final fue lo que tenia que ser: un viaje lento por el país del origen, en el que aprendimos, por sobre todas las cosas, a tener paciencia.

*NOTA: Este post no lo hice sola. Aunque yo me encargué de tipear, el viaje lo hicimos de a dos, y toda esta información que viene a continuación no hubiese sido posible de recopilar si Nico no hubiese llevado el registro de cada kilómetro pedaleado y cada gasto que hicimos durante el tiempo que duró del viaje. Además, lar tareas de recopilar y ordenar la información fue un trabajo en equipo.

**NOTA: Los «días de viaje» se refieren a los días que estuvimos en movimiento. La semana que pasamos en Roma, el mes que vivimos en un camping y los meses que estuvimos en cuarentena no están incluidos en ninguno de los números ni datos que están en este post.


¿Por qué en bici?

Queríamos viajar por la isla de Sicilia. Habíamos dibujado un mapa e imaginado un círculo, un viaje alrededor de la costa durante el invierno mientras esperábamos las ciudadanías italianas. Sabíamos tres cosas: que queríamos dormir en carpa, que teníamos que gastar poco y que queríamos tener la mayor libertad posible de movimiento.

La bici, tanto en mi vida como en la de Nico, nunca fue algo constante. Algún fin de semana que íbamos al rio, o yendo de un trabajo al otro por el centro de Buenos Aires. No somos ciclistas ni deportistas. A mí me gusta nadar, a Nico le gusta correr.
La que nos movía la balanza de la economía y la libertad era el traslado. Primero pensamos en viajar a dedo, pero viajar a dedo también implica cierto grado de dependencia: de un un auto que frene y de tener ganas de charlar en italiano, un italiano que en ese momento casi no hablábamos. Por otro lado, los trenes en Sicilia funcionan bastante mal: no hay un mapa con una red de estaciones, los pasajes son caros, van lento. Sacamos algunas cuentas: un mes viajando en tren por la isla contra comprar dos bicis y usarlas durante ese mismo tiempo y ganó la bici.

De lo que no teníamos ni idea era de todas las cosas que nos podían pasar viajando en bicicleta: no sabíamos nada de ciclismo, ni cómo cambiar una cubierta pinchada, ni cuánto nos costaría subir y bajar colinas, calles en pendiente, rutas de barro, pedalear con lluvia. A veces miramos el mapa y no podemos entender cómo fuimos a donde fuimos sólo moviendo las piernas. Nico siempre dice que nos mandamos como dos inconscientes, y creo que es verdad —y para que no les pase lo mismo, está este post.

¿Cuándo viajaron?

INVIERNO EN SICILIA

Italia no tiene el mismo clima en toda su extensión de país. Mientras más al sur estés, más calor hace. La isla de Sicilia está muy cerca de África (en línea recta, de continente a continente, son unos 600km). De todas las estaciones que pasamos en Italia, el invierno en Sicilia fue, para nosotros, el mejor clima para pedalear. Es cierto que noviembre y diciembre no son tan fríos y que después de la Navidad las noches se ponen bastante más frías, pero, para viajar en bici, considerando que el cuerpo entra en mucho calor, el invierno siciliano fue lo mejor: durante el día siempre hay sol (tuvimos calor) y hay muy pocos días de lluvia.
La regla era que cerca de las 15.30 ya teníamos que estar buscando un lugar donde dormir y evitar pedalear de noche porque la mayoría de las rutas sicilianas está en muy malas condiciones y son muy oscuras, literalmente negras, sin luces, y —sumando lo mal que manejan los italianos— puede ser peligroso.
Para dormir, alternamos las noches de camping con algunas en b&b o habitaciones que alquilábamos. Nunca tuvimos frío durmiendo adentro de la carpa, pero mientras más al descampado se esté, más frío da ir al baño en a mitad de la noche.
Aunque cada día era distinto, en promedio durante el invierno siciliano empezábamos a pedalear cerca de las diez de la mañana hasta las tres o tres y media de la tarde.

PROS de pedalear en invierno en Sicilia:

  • el clima es agradable durante el día (entre 13 y 18 grados)
  • pocas lluvias y mucho sol (cara y brazos bronceados como muratori)
  • rutas más tranquilas y con menos autos que en temporada
  • los precios (de hospedajes o campings) fuera de temporada son más baratos —toda Sicilia es muy barata en general.

CONTRAS:

  • las noches son más frescas (entre 6 y 8 grados o un poco menos mientras más descampado).
  • oscurece temprano (a las 5pm ya es de noche).
  • muchos campings están cerrados porque sólo abren en temporada .
  • las zonas costeras pueden parecer solitarias en invierno: esto es porque casi no hay gente en las playas, incluso hay pueblos enteros que están cerrados ya que funcionan solo en verano.

VERANO EN EL SUR
Calabria, Puglia, Basilicata, Campania, Lazio

El verano fue otra historia. Salimos de la isla hacia continente dos días después de que empezara el verano europeo. Julio y agosto fueron los meses que más pedaleamos y los que más calor tuvimos. Tomábamos muchísima agua, unos tres o cuatro litros por día cada uno —contra los 750ml del invierno—, litros que también había que cargar en las bicis y pensar en recargar. Siempre que podíamos, empezábamos a pedalear muy temprano en la mañana, cerca de las 7 (incluso hubo días en que nos levantábamos cinco y media y pedaleábamos un poco hasta encontrar un lugar donde desayunar). No es que nos gustara madrugar, es que apenas amanecía, el calor y la luz que entraba en nuestra carpa ya nos era insoportable. Devotos de los días nublados, al mediodía frenábamos casi obligadamente: a partir de las once o doce descansábamos en alguna playa, nos tirábamos al mar, dormíamos la siesta. Cerca de las cuatro o cinco de la tarde pedaléabamos otro par de horas hasta llegar al destino final. Lo bueno del verano y de haber pedaleado gran parte de esos meses de calor pegados al mar era que podíamos frenar a tirarnos al agua todos los días y encontrar un lugar para dormir era muy fácil porque siempre había una playa cerca. Lo malo era encontrar sombra. En la playa se siente el vaho caliente que sube de la arena y el agua de mar es tibia. Un día de angustia solar, en una playa explotada de gente, con cuarenta grados de sensación térmica, nos encontramos una sombrilla. La sombrilla, que la llevamos en la bici hasta octubre, y la que nos costó tanto tirar, nos salvó el ánimo: tener un metro cuadrado de sombra era un alivio. Piensen que casi no existen playas con árboles o cualquier otra cosa que de sombra. No es que le recomendaríamos a nadie cargar una sombrilla de playa en la bicicleta, pero sí que consideren qué los va a amparar del sol de verano, que no tiene piedad.

En resumen, durante los meses de verano en el sur de Italia, pedaleábamos en dos tramos: el primero muy temprano en la mañana, y el segundo por la tarde, después de las cuatro.

PROS del verano en el Sur:

  • se puede disfrutar de las playas y del verano (siempre que se sigue una ruta más o menos costera, pero, en líneas generales, nunca se está muy lejos del mar).
  • los días son muy largos (a las 5 de la mañana ya hay luz para empezar a pedalear y oscurece cerca de las 8).
  • por ser temporada, hay mucha vida y movimiento en las zonas costeras.
  • la comida se resuelve fácil: mucha fruta, cosas frías.

CONTRAS:

  • el calor, muchísimo calor que no debe subestimarse.
  • es muy difícil encontrar sombra.
  • las moscas y los mosquitos (las moscas que te rozan los oídos mientras pedaleas y los mosquitos hambrientos come piernas y tobillos cuando baja el sol).
  • hay que considerar el peso que implica transportar el agua y siempre prever con anticipación antes de que se vacíen las botellas.
  • suben un poquito los precios de todo, pero en líneas generales todo el sur de Italia es muy barato (tomando de referencia el resto de Italia y países vecinos).

OTOÑO EN EL CENTRO-NORTE
Toscana, Lombardía, Piemonte, Liguria

Para mitad de septiembre ya estábamos en el centro de Italia; los días seguían siendo largos y los mosquitos muchos, pero se respiraba mejor. Empezamos a hacer más pausas, a disfrutar las tardes de pedaleo e incluso a pedalear cerca del mediodía.
A partir de ocutbre ya estábamos llegando al norte del Italia y empezaron las lluvias. A principios de octubre de 2020 hubo muchas tormentas y empezó a hacer más frío, entonces decidimos tomarnos un tren y adelantar algunos km hasta llegar a la región de Lombardía. Para mitad de octubre y en el norte del pais, los dias ya eran grises, no tan largos, frescos y un poco lluviosos. Un poco frío para dormir en carpa, pero el clima perfecto para no parecer recién salidos de una pileta —de sudor.
En resumen, nos levantábamos más tarde y a pedaleábamos cerca de las 10/11 hasta las 5/6 de la tarde. Aunque algunas veces pedaleamos bajo lloviznas, tratábamos de frenar cuando llovía para mojarnos lo menos posible pero también porque con las lluvias fuertes la visibilidad en la ruta disminuye y eso es peligroso.

PROS del otoño en el centro-norte:

  • el clima durante el día es fresco, agradable para pedalear, y suele estar nublado.
  • todavía hay muchos campings abiertos, la mayoría cierra la temporada a fines de octubre.
  • hay muchas regiones con grandes extensiones de planicie, lo que facilita físicamente el viaje.

CONTRAS:

  • las lluvias y la inestabilidad del clima, especialmente en áreas montañosas (mientras más al norte, más posibilidad de nieve).
  • los precios suben un poco respecto al sur.

CONCLUSIONES

En un viaje largo como el que hicimos nosotros, en el que no pudimos elegir demasiado cuándo viajar porque estuvimos condicionados por la pandemia —lo que significó frenar o seguir según cuarentenas, toques de queda, lockdowns—, no tuvimos más opción que adaptarnos a todas las estaciones que nos tocaban en el lugar que estábamos en ese momento. Si hoy hiciéramos el viaje de vuelta, lo haríamos al revés: empezar por el verano en el norte y terminar en el invierno en el sur. Ojo: el mar y las playas del sur de Italia y de Sicilia son preciosas, pero en invierno casi no hay vida (eso puede ser bueno o malo, depende del gusto de cada uno).
En un viaje corto, digamos de un mes, seguramente el mes más cómodo sea septiembre.

¿Por dónde se movían?

Nuestra rutina de viaje:
nos levantamos > desayunamos > planificamos el día

Ningún día fue igual a otro y a veces la planificación no se cumplía, pero es lo que nos daba un eje, cierta estructura a seguir. Planificábamos, entre café y cornetto, con el celular y una app en la mano, a dónde queríamos llegar ese día.

Cómo planificar un día de viaje

  1. Se elige un punto A para llegar. Puede ser una ciudad o pueblo que queremos conocer, un lugar donde vive un conocido, un camping donde queremos dormir.
  2. Se evalúa la ruta en este orden:
    *cuántos km hay hasta el punto B
    *cómo es la pendiente de la ruta (¿hay que pedalear en subida? ¿en bajada?
    *cuántas horas aproximadas se tardarían (esos datos salen de la app que usen)
    *a qué hora oscurece
  3. Si son muchos km o la ruta es compleja, se piensa un plan b, un punto intermedio o cercano al que llegar. No tiene que ser necesariamente un punto específico, puede ser un área, una zona. Cuando se llegue al punto del plan b, se verá dónde dormir.

En el medio pueden pasar muchas cosas —generalmente nos pasaban cosas. Cuando sacamos las cuentas, en promedio, durante estos 195 días, pedaleamos 26km diarios. No es que siempre pedaleábamos lo mismo; había días que pedaleábamos 80, 90km, otras veces nos quedábamos cinco días en un mismo lugar porque nos gustaba. Eso es lo bueno de este tipo de viaje, la flexibilidad.

Por dónde pedalear

En Italia casi no hay bicisendas. Salvo en algunas ciudades grandes, con tramos de 3 o 4km, no hay muchos carriles seguros y cómodos para viajar en bicicleta. La ciclovía más larga la hicimos en Roma a lo largo de la rivera.

  • Generalmente pedaleábamos por las strada provinciale o strada regionale que solían ser las rutas rápidas antes de que hicieran las autopistas. Son caminos más directos y asfaltados aunque circulan bastantes autos.
  • En las ciudades o pueblos costeros nos movíamos por los Lungomare, que son tramos peatonales o de bajo tránsito a lo largo de la orilla del mar.
  • Lo mejor son las rutas secundarias, caminos alternativos por donde casi no circulan autos, que suelen ser calles internas entre campos, vías de peregrinación (como la Vía Francigena), etc. Suelen estar menos señaladas y puede que les toque piso de tierra, de arena o piedritas. Depende qué tipo de ruedas tengan sus bicis, podrán pedalearlas fácil o no. Nuestras ruedas por ejemplo iban bien en asfalto.
  • Por donde no se puede ir en bicicleta es por la Autostrada (la autopista) o alguna ruta rápida (los carteles indican si se permite o no la circulación de bicicletas).

APPS QUE USAMOS PARA ELEGIR RUTA

*Google maps: en Italia no está la opción «bicicleta» en Google Maps, pero sirve para un vistazo rápido de kilómetros, pueblos cercanos, supermercados en la zona, hospedajes, etc.
*Bike map: no nos mandaba por buenos caminos, pero sí la usamos para estudiar la topografía (pendientes, subidas, bajadas).
*Maps.me y Mapy.cz: las apps que más usamos. Planifican con criterios bike-friendly; también indican pendientes, probabilidad de lluvia y velocidad si las usan en modo GPS.
*Preguntar a la gente: No toda la «gente común» les va a saber indicar un buen camino para pedalear; la mayoría se mueve en auto y no tiene idea de qué se trata viajar en bicicleta. Pero, en Italia hay muchos ciclistas y seguro se cruzan con alguno en el camino que les va a indicar un camino mejor para pedalear. Si frenan a descansar en algún pueblo o lugar con muy poca gente, acérquense a las personas y pregunten: a los motoqueros, en una bicicletería. No se conformen con una respuesta que no les gusta. Si es una buena ruta o una mala ruta, eso quedará a criterio final de quien la transite.

Los italianos manejan rápido y mal y hay que ir con precaución. Esto quiere decir: circular por la derecha, mantener buen ritmo, tratar de no frenar en las banquinas, usar luces, casco, algo que llame la atención y dé visibilidad (como un chaleco reflectante, una bandera, algo de color). Prestando atención y respetando las reglas de tránsito se puede circular con felicidad, cosa que nosotros no hicimos siempre pero que sí recomendamos hacer.

En Italia puede haber una ruta cortada por obra 1km más adelante y ningún cartel que avise, pueden haber rutas internas de barro donde se atascan las ruedas, pueden pasar «graciosos» que les griten por la ventanilla o les arrimen el auto «a modo de chiste», pueden haber vecinos que estacionan en triple fila para comprar el pan y tengan una cola de autos tocando bocina. Es Italia, paciencia.
Por suerte, está más llena de cosas buenas, como conductores que pegan la vuelta sólo para felicitarte y recomendarte un camino alternativo, vecinos que te ven descansar en un banco y te invitan a un café, o motoqueros que frenan en la ruta porque pinchaste y terminan llamando a un amigo para que te levante en su camioneta.

La clave no es ir con miedo, es ir con seguridad. Seguros de que están atentos y respetando las normas para disfrutar del viaje.

¿Dónde dormían?

A nosotros lo que más nos gusta es la vida de camping. Por eso, gran parte de nuestro equipaje incluía una carpa, bolsas de dormir, colchonetas, cosas que ocupan volumen y pesan, pero que nos dan la tranquilidad de saber que cada noche vamos a tener un techo. Muchas veces dormíamos en campings porque también nos gusta poder dejar las cosas y salir a caminar por un pueblo o una ciudad, conocer gente o tirarnos a tomar mates en la lona. Y por las cosas simples, como tener un inodoro y una ducha con un gancho para colgar la toalla. Pero, lo que más disfrutamos hacer, fue acampar libre. Preguntarle a algún vecino por un lugar para poner la carpa, dormirse con el sonido del mar: esa sensación de construir una casa en cualquier parte. La estrategia: una hora antes de que baje el sol empezábamos a buscar un lugar para pasar la noche. Mirábamos al costado de la ruta (imaginen que grandes tramos de rutas internas son puro campo con olivos o colinas o montañas). Si estábamos cerca de la playa era más fácil: buscábamos el rincón menos concurrido, la playa más ancha, el rincón más oscuro, más alejado de la calle. La playa siempre era una opción válida.
Los días que queríamos una cocina, una cama o estábamos en una ciudad, alquilábamos una habitación (muchas veces costaron lo mismo que un camping).

APPS PARA BUSCAR DÓNDE DORMIR —Y CÓMO USARLAS

*Airbnb: antes de pagar, siempre mandamos mensaje para avisarle al anfitrión que viajamos en bicicleta y asegurarnos que haya un lugar para dejarlas (nunca tuvimos problemas) y también para preguntar si era posible pagar en efectivo y ahorrarnos la comisión de la plataforma.
Y si necesitan un buen descuento, pueden usar este link.
*Booking: solamente en Sicilia encontramos buenos hospedajes en Booking (cuando decimos buenos es baratos), después suele ser cara, pero también puede haber una oferta a último momento entonces está bueno chequear.
*Hostelworld: casi no hay hostels registrados en Italia, salvo en Roma y alguna que otra ciudad grande.
*Warmshowers: es una plataforma para contactarse con personas que hospedan ciclistas. Un intercambio cultural sin dinero de por medio. La usamos una vez pero funcionaba muy mal la página y desistimos completamente.

En muchas ciudades turísticas de Italia existe un impuesto al turista que se llama «tassa di soggiorno» que puede ir de 0,50€ a 3€ la noche por persona; es un valor extra que les pueden cobrar en cualquier hospedaje que reserven, insulso un camping, por el «derecho a disfrutar la ciudad, ya que es como un museo a cielo abierto». A veces suele ser un poco confuso cómo lo cobran, entonces siempre es mejor preguntar o arreglar con el anfitrión.

CRITERIOS PARA ACAMPADA LIBRE

Condiciones del terreno

  • que sea lo más plano posible (si está inclinado quedan la cabeza o los pies para abajo y se duerme torcido toda la noche).
  • que sea lo más mullido posible: el pasto tupido y la arena son aliados, pero como es dificil encontrar las condiciones perfecas, miren hacia abajo: vean si hay rocas, yuyos que pinchan, ramas, raíces muy duras, piedritas, frutos de algún árbol. Saquen todas esas impurezas para que no perforen el piso de la carpa. Yo pasaba la mano por el piso de la carpa del lado de adentro una vez que estaba armada para ver si notaba algo muy duro o algo pinchudo.
  • que sea lo más blando posible: esto es si usan una carpa con estacas que necesitan clavarse en la tierra para que se mantenga armada. Un pasto húmedo después de una lluvia es perfecto porque las estacas entran y salen fácilmente. Pero también nos han tocado campings con pisos de canto rodado o suelos de piedra donde no pudimos clavar nada y tuvimos que sostener la carpa con rocas (la carpa no queda tirante pero sirve para pasar la noche).

Ubicación

  • Si el clima es frío, busquen que les dé el sol de mañana. Vean por dónde sale y se oculta el sol y presten atención si hay árboles o construcciones que les puedan hacer sombra. En climas fríos, esta bueno recibir el sol de mañana porque se empieza a calentar la carpa por dentro, se seca del rocío de la noche por fuera y se ilumina de apoco la carpa, como un suave despertador. En climas más calurosos, hay que buscar un árbol, una pared, lo que sea que proyecte sombra.
  • Si en la zona llueve mucho o si saben que van a venir tormentas o lluvias fuertes, lo mejor y lo primero es buscar un terreno elevado. Hemos visto parcelas de campings inundadas o llenas de charcos de agua y barro por las lluvias, y eso es un problema. Si no reconocen una zona alta, preguntan. Tienen que mirar el piso y tratar de entender hacia dónde escurre el agua: miren las pendientes, las rejillas, aunque parezcan muy sutiles. Igual, la meteorología siempre es un poco impredecible, como la noche que nos agarró una tormenta eléctrica sin lluvia después de un día de pleno sol en los médanos de la Puglia. Los árboles pueden ser un buen amparo si la lluvia no es fuerte, pero en una tormenta las ramas se caen y no queremos que nos caigan encima.
  • La idea es tener «intimidad», es decir, mientras más alejados estén de calles, bares o zonas turísticas, mejor: más silencio para dormir (piensen que lo único que los separa del exterior es una tela, y se escucha todo) y tengan la precaución de que no pase gente por allí (para evitar a los curiosos, al amigo de lo ajeno y para poder levantarse y mear sin verguenza).
  • Lo más importante: dejar todo limpio, mejor de como lo encontraron. Italia es muy sucia, sobre todo el sur y sobre todo las playas. No queremos fomentar ni colaborar con eso. Si se cayó un papel, si se volcó un poco de comida, todo se recoge, se mete en una bolsita, se engancha en la bici y se tira en el tacho de basura más cercano. Piénsenlo así: somos los emperadores de los viajes y tenemos que dejarnos bien parados entre nosotros.
  • Las bicis atadas entre ellas y lejos de la carpa porque si se caen, se nos caen encima.

¿Qué llevaban?

Muchas cosas.
Es dificil viajar con poco cuando todo lo que tenés encima es tu casa, porque no hay casa a la que volver cuando termine el viaje, porque la vida ahora es el viaje. Para nosotros todavía es un aprendizaje elegir sólo lo mínimo y necesario para viajar cómodos y livianos. A modo de referencia, esta es la lista de cosas que llevamos nosotros:

EQUIPO DE CAMPING

Cuando compramos la carpa, nuestra prioridad fue que fuese liviana. Las carpas livianas y buenas son más caras, pero para nosotros valió la pena la inversión. Este es un video donde mostramos en detalle todo el equipo para dormir. Y la lista es más o menos esta:

Carpa, bolsas de dormir, colchoneta inflable para abajo de la bolsa, lona impermeable multiuso, mosquitero, set de ollas de camping, hornito de quemar para cocinar, alcohol etilico, tuppers (para comer y para guardar comida), encendedor, tijera, cubiertos, cuchilla o navaja, tabla de cortar de plástico, rallador, abrelatas, sacacorcho (los quiero ver queriéndose tomar un vino a la luz de la luna y no poder abrirlo), repasador o trapito, detergente, esponja, broches, soga, lona para sentarse en el piso, luz recargable, cintas o sogas para atar cosas.

EQUIPO DE BICIS

Nuestro mantra del viaje siempre fue que la única bici que no te lleva es la que no tiene ruedas. A mejor bici, más cómodo será el viaje. Lo que no puede faltar es el equipo de seguridad y reparación. Esta es nuestra lista:

Luz trasera de posición, luz delantera blanca potente, casco, guantes (sólo para cuando hacía frío), kit de herramientas básicas: llaves allen, destornillador, pinza, parches, pegamento, cámaras de repuesto, guantes y/o toallitas higiénicas para limpiarse las manos, espejito retrovisor, campana, casco, cuello de tela y/o bandana, bandera de argentina, forro de asiento, alforjas impermeables —delanteras y traseras— o protegidas con fundas impermeables.

ROPA (como para una semana de cambio)

Algunos criterios generales son: llevar remeras viejas para desteñir con el sol y el agua salada, ropa de secado rápido para cuando haya que lavar a mano y colgar en un árbol, una campera impermeable siempre, telas que se arruguen poco. Lo demás:

Ropa interior y medias, remeras y musculosas de secado rápido, short y calsas para ciclismo, buzzo de running, campera de abrigo, campera impermeable, sweater, campera de medio tiempo, dos camisas, dos remeras de mangas largas, una remera térmica, un pantalón liviano, dos pares de zapatillas (al menos un par impermeable), un par de ojotas, gorro de lana.

HIGIENE

Cuando no dormíamos en un camping o una casa, lo primero que hacíamos era buscar la fuente de agua para ducharnos. Entiéndase fuente de agua por una canilla o un vecino a quien pedirle agua.
Aclaración: estamos hablando de duchas al aire libre y durante el verano.

  • Duchas en la playa (una vez pedimos permiso a un cuidador para ducharnos en un parador privado de noche, pero también usamos las duchas públicas de las playas, con la malla puesta siempre —o casi siempre).
  • Canillas en las plazas o parques (de noche y sin gente, o muy poca): nos poníamos un short y una remera que se iban a mojar o la malla. El pelo es lo más fácil de lavar, después una esponja y a enjabonarse, secarse y cambiarse adentro de la carpa.
  • Cuando teníamos más intimidad, cargábamos agua en la bolsa de agua, la colgábamos de un árbol, o uno se la sostenía al otro, y a ducharse cinco estrellas —o mil estrellas.
  • Cuando no había posibilidad de ducha, usábamos toallas higiénicas de bebé para las zonas complejas o una esponja con agua para sacarnos la salitre y la transpiración.
  • Si no se pudo, no pasa nada. Todavía no murió nadie por no bañarse uno o dos días.

Aprendimos que sólo necesitamos 1,5 litros de agua cada uno para bañarnos y también descubrimos que no hay sensación más linda que dormir duchados y frescos después de un día de viaje.

Como muchas veces nos bañábamos en la playa, en un bosque, en una reserva natural y, más allá de querer cuidarnos a nosotros mismos usando la menor cantidad de químicos posibles, también éramos —somos— conscientes de que esos químicos que usamos para bañarnos como los que tiene un shampoo estándar, van directo a la tierra, al pasto, a la arena. Para cuidar el planeta que tenemos intención de seguir conociendo, tratamos de usar productos de higiene naturales y libres de plástico en la mayor medida posible. Esta es nuestra lista:

Shampoo sólido, crema de enjuage sólida, jabón de glicerina para el cuerpo, esponja vegetal, crema hidratante, protector solar, cepillo de dientes de bambú, dentífrico, desodorante casero y natural, toalla de secado rápido, máquina de afeitar, depiladora eléctrica, cepillo para el pelo, manteca de cacao, pinza de depilar, alicate, toallitas higiénicas, alcohol en gel, guantes de látex, barbijo, pervinox o algún desinfectante de heridas, gasas, curitas, paracetamol, pastillas de carbón, carilinas.

COMIDA

*Nota: una vez al día comprábamos la comida para todo el día en algún supermercado, aunque siempre sobraba algo para los días siguientes.

Alimentos básicos:

Lata de atún, lata de arvejas o similar, pan, queso, fruta, frutos secos, chocolate (si no se puede cocinar o prender fuego, siempre se puede picar eso).
Además puede ser: fideos/ cous cous/ polenta/ arroz, verduras, algunos condimentos, aceite (de oliva, estamos en Italia), botellas de agua recargables (usamos tres que mantienen el frío/calor y otra más de plástico).

IGP: productos con denominación de origen

Cuando un producto agrícola y alimenticio cuya producción y elaboración se hace en un área geográfica determinada, la Unión Europea lo reconoce con el sello IGP (que significa Indicación Geográfica Protegida).
Esto quiere decir que a la cipolla di Tropea se la reconoce en toda Italia por ser «LA cebolla de Tropea»; el tomate es de Pachino, el ajo, de Nubia: conocer una región o un pueblo también tiene que ver con conocer sus productos típicos, por qué es reconocida, qué la llena de orgullo. Viajar a través de la comida en Italia es maravilloso, y no es el hecho —solamente— de comer: cuando recién habíamos llegado a la región de la Puglia, un viejito nos sacó charla en la puerta de un almacén: «Come è che non abbiate mangiato il frise?». En la Puglia se comen los frise: unas rodajas de pan duro (pueden ser de diversas harinas) que se sumergen en agua a temperatura ambiente por diez segundos. Cuando los sacás, están blandos pero crujientes, les tiras un poco de tomate y albahaca arriba y ualá: una comida.
Los frise eran una comida de pobres. El sur de Italia fue muy pobre y a veces sólo había para comer «pan duro».
El viejito nos dijo que tener un paquete de frise en la alforja nos iba a ser práctico, y tuvo razón.

El agua:

Excepto en algunas zonas costeras de Sicilia, el agua en toda Italia es buena y segura. Aunque algunas veces hemos comprado agua en un mercado o supermercado, el 90% de las veces tomábamos agua de la canilla: recargábamos las botellas antes de salir del camping, o de la casa donde habíamos dormido, o en los bebederos de las plazas, o en las canillas que hay en las rutas. Siempre que haya una canilla está bueno recargar agua, nunca debería faltar, especialmente en los meses de calor. Tengan en cuenta que no sólo se usa para tomar, sino también para cocinar —y ducharse. En verano transportábamos al menos un litro y medio de agua por persona.

TECNOLOGIA

Lo más práctico que llevamos, además de los teléfonos celulares, fueron las baterías portátiles (llégamos a estar una semana sin tener que preocuparnos por un enchufe) y la tablet, que tiene un tamaño cómodo y es liviana, óptima para ver películas, abrir mapas, etc. La computadora, aunque pesa un poco más, nos sirvió mucho para escribir, hacer trámites y ordenar documentos.

Computadora portátil con su respectivo cargador y mouse, tablet, teclado inalámbrico, pilas recargables y cargador, cables de recarga de teléfono y todos los aparatos electrónicos, tres baterías portátiles (una exageración, pero útil), una cámara réflex más un lente extra (jamás usada), un gimbal (usado dos veces), parlante bluetooth, adaptador universal (dos).

OTROS

Documentos (pasaporte/dni/carnet de vacunación/seguro médico, etc), dinero en efectivo, cuadernos, libretas, lápices, lapiceras, libros.

¿Cómo se comunicaban?

La experiencia mas grande de todo este viaje fue la interacción con las personas. Hablando con la gente local aprendimos qué comer, qué visitar, dónde conseguir algo más barato. Observarles las costumbres —como los varones jugando a las cartas en las plazas—, preguntarles qué opinan de su país, de su ciudad. La riqueza es infinita. Podemos no acordarnos de un pueblo al que fuimos, pero siempre nos vamos a acordar del viejito que nos dedicó toda la mañana a mostrarnos cada rincón de su ciudad. 

Un dato importante pero no excluyente: hablar en el idioma local. En un viaje así, no sirve el inglés. Incluso si están con gente joven, en cualquier grupo se interactúa en italiano.

Pero, más que el italiano, que fue nuestra herramienta para entablar conversación —un italiano aprendido en la calle, leyendo carteles, escuchando y buscando en internet—, en Italia se hablan muchos dialectos. Cada región tiene su dialecto pero además cada pueblo tiene su propia versión del dialecto y hay mucha gente mayor que no sabe hablar italiano.

Los italianos son muy expresivos: miran mucho, son muy curiosos. Aprender algunas frases y hacer el esfuerzo de hablar en su idioma genera mucha empatía —cinco minutos de charla y hasta te pueden invitar a comer y ducharte en sus casas.

No hablar italiano tampoco es un impedimento para viajar por Italia: las palabras las aprendes sin darte cuenta y sino, todo se soluciona con señas y una sonrisa. Voluntad mata galán.


¿Cuánto cuesta viajar en bici por Italia?

Este fue nuestro presupuesto diario por persona. Entre los dos gastamos, en promedio, unos 38€ al día. No es que todos los días gastábamos lo mismo: había días que no gastábamos nada, otros que gastábamos mucho. Nosotros no nos privamos de (casi) nada, es decir, si un día queríamos dormir en una habitación, o si queríamos comprar un vino, lo podíamos hacer mientras no superáramos ciertos números mensuales.
Se puede estar por muy por debajo o muy por encima de estos números, estos fueron los nuestros.
El viaje lo financiamos 100% con ahorros, ahorros que hicimos durante años, los años que estudiamos y trabajamos para regalarnos este viaje.
Para calcular cuánto juntar, leímos artículos como este de otros viajeros e investigamos y preguntamos mucho.
Como los ahorros tienen un fin, en este momento estamos quietos en una ciudad con el objetivo de trabajar y volver a ahorrar.
No esperamos a quedarnos en cero para frenar y buscar trabajo, sino que prevemos escenarios y todo lo hacemos con un back up de emergencia. En este escenario con Covid, nos deja más tranquilos ese colchón porque encontrar trabajo es un poco más difícil que antes, pero siempre hay soluciones alternativas. Por ejemplo, después de terminar este viaje, estábamos en Barcelona alquilando una habitación sin tener idea de lo que queríamos hacer. Lo que en ese momento nos pareció mejor, fue encontrar un lugar donde pensar y no seguir gastando ahorros, y entonces buscamos un voluntariado en España, no muy lejos de donde estábamos, y así fue que terminamos viviendo en la montaña casi un mes y medio, trabajando a cambio de hospedaje y algo de comida. La opción del voluntariado fue una gran decisión para ese momento de transición. Esa puede ser siempre una opción válida si la cuenta está llegando a cero.

El promedio mensual con el que vivimos/viajamos por Italia esos 195 días fueron entre 1000€ y 1200€ al mes entre los dos.

El presupuesto dividido en nuestros tres ejes de gastos.

App para registrar gastos

Money manager: simple y práctica, permite armar categorías y sub categorías (por ejemplo: categoría «supermercado» y sub categoría «alimentos», «higiene», etc.), agregar notas a cada gasto (por ejemplo, en qué ciudad fue la compra) y diferenciar con qué se pagó (tarjeta de débito, efectivo, etc.). Permite anotar ingresos y egresos, da estadísticas y tiene mil filtros para ver porcentajes y números finales y además podes bajar todo a un excel (gracias a eso pudimos hacer este post). Lo más importante es acordarse de anotar cada compra.
Lo que tiene de malo es que no permite tener una «cuenta compartida»: sólo llevamos el registro de gasto en uno de los teléfonos.

$ En Italia casi todo se paga en efectivo. Los bares, los campings, los locales a la calle: pagar en tarjeta de débito o de crédito, poco y nada —salvo que vayan a restaurantes top o se hospeden un 5*.

COMIDA

Incluye todo: compras en el supermercado, cafés, cervezas, etc.

El de la foto es un café leccese, típico de la Puglia. Es un expresso con leche de almendras y hielo. Riquísimo.
  • Súper: los más baratos son los «discount» como el Lidl, MD o Eurospin. Una compra mensual para dos personas podría ser 200€, aunque cuando se está viajando y comprando la comida al día puede ser un poco más.
  • Café: en Sicilia y casi todo el sur, un café (cuando decimos café es un shot de expresso) sale en promedio 0,80/0,90€. Si se alejan algunos metros del centro, en el bar menos turístico de todos es donde hacen el café más rico y suele salir 0,60€. En un bar un poquito más formal sale 1€. Un poco más al norte, suele aumentar diez o veinte centavos. Un cornetto en un bar (un croissant) con relleno (de Nutella, pistacho, crema, etc) sale 1/ 1,20€. Por 2€ pueden hacer un desayuno italiano.
  • Cerveza: una birra Moretti en el súper cuesta 1€, en un parador a la calle 1,50€.
  • Vino: Se puede comprar una botella de vino tinto por 2€ en promedio, algo «decente y a precio amigo». Un «vino bien» puede salir 20€ la botella. O más.
  • Pizza margherita: es la pizza básica (tomate, mozzarella y albahaca) y cuesta 5€ (a veces menos, pero ese es nuestro precio de referencia). Es muy finita y se come una por persona, pero nosotros solíamos compartirla y sumar un cono de papas o un helado. En lugares muy turísticos, como Milano o Cinqueterre, sale un poco más.
  • Aperitivo: es la típica picadita con bebida (una cerveza o un trago) de la tarde en cualquier bar de Italia, suele salir entre 8€ y 12€ por persona. Suele venir con quesos, degustación de productos, papas. Es una buena opción para probar comidas típicas de una región.

TRANSPORTE

Nosotros nos movimos durante los 195 días en bicicleta, bueno, en total tuvimos 5 bicicletas y esa historia la pueden leer acá, aunque en el medio también viajamos en:
*2 camionetas tipo Van
*3 trenes
*1 ferry
*2 funiculares (o teleféricos)

Las dos primeras bicis las compramos nuevas. Las siguientes dos las compramos usadas, dejando como parte de pago las anteriores. Como el precio de una bici es infinitamente relativo, para llegar a un promedio consideramos comprar una bicicleta en el Decathlon, más el equipo básico para salir a la ruta. Es un valor promedio en base a los precios que vimos en la tienda y acá está la lista ejemplo:

BICICLETA 18 velocidades
Alforjas traseras impermeables x 2
Alforjas delanteras impermeables x 2
Casco
Set herramientas básico
Repuestos (cámara, frenos, parches)
Luces trasera y delantera
Portaequipajes delantero y trasero
TOTAL: 500€

Considerando la compra de dos bicicletas y su equipo (1000€) y dividido por la cantidad de días de viaje (195), el promedio de gasto en trasporte es de 2,56€ por persona al día.

HOSPEDAJE

estos fueron los porcentajes de nuestro viaje
  • Wild camping o camping libre: Significa acampar en un espacio público donde no hay una infraestructura de camping. En teoría en Italia es ilegal, a diferencia de otros países como Francia o Escocia, pero nosotros nunca tuvimos ningún problema. Siempre y cuando sea sólo por una noche y levanten el campamento a primera hora de la mañana, no hay mayores inconvenientes. Es muy fácil acampar en playas, bosques, pero más fácil es preguntar a la gente que tengan alrededor. Si no les convence una respuesta o les dicen «por acá no se puede», la siguiente persona va a tener la solución, como la vez que preguntamos a unas señoras dónde podíamos acampar en el pueblo y llamaron por teléfono al intendente que nos dio el OK para acampar en la Pineta. O la vez que nos cruzamos con un cura argentino y nos invitó a dormir a la casa parroquial de la Iglesia (y a comer pizzas también). Costo: 0€
  • Casas de amigos: Personas que nos escribieron por Instagram, curiosos que charlaban con nosotros en la calle, amistades de campings. Algunos nos invitaban a comer, otros a dormir a sus casas; hoy tenemos contactos de gente tan simpática que nos dio hasta la dirección de su casa para que los vayamos a visitar (a Suiza, a Holanda, a Alemania), familias enteras que nos esperan en Italia, que nos llaman por teléfono para ver cómo estamos, qué estamos haciendo. Cada uno fue una parte enorme de nuestro viaje, aunque no lo sepan.
  • Campings: a pesar de que acampar libre es muy, muy divertido y te da una sensación de superpoder, de que el mundo es tuyo y de que sos capás de hacer cualquier cosa, también nos gusta mucho la vida de camping. Pasar dos o tres días compartiendo una charla o una comida con los vecinos, conocer gente, poner las lucecitas de la carpa, hacer un fuego pero comer en una mesa. En promedio, un camping sale 15€ la noche para dos. También hemos pagado mucho menos (10€) y algunas veces 17 o 18 o 20€. Una buena alternativa son los sosta camper, que son los campings exclusivos para caravans o casas rodantes, que no pueden aceptar «legalmente» carpas, pero siempre se puede llamar o mandar mail y preguntar; muchos dicen que sí, y los precios suelen ser más baratos (o gratis, todo depende de la empatía que generen con el dueño). Otra opción es buscar «agriturismos»: son estancias que producen sus propios alimentos y suelen tener un restaurante y un espacio recreativo para ir a pasar el día. Algunas tienen lugar para caravans y carpas, otras tienen habitaciones de alquiler, o pueden tener un pedazo de pasto y sólo basta pedir permiso para plantar la carpa.
  • B&B: sería alquilar una habitación privada o una cama de hostel o un departamento. En promedio, no pagamos más de 30€ una habitación para dos y siempre que era posible procuramos que sea dentro de un departamento con cocina. En Sicilia y fuera de temporada llegamos a alquilar departamentos enteros a 13€, más barato que un camping en baja temporada. Las veces que elegimos pagar fueron por simples ganas o porque estábamos en una ciudad y no conocíamos a nadie y entonces lo más práctico era buscar un lugar barato donde dormir y dejar las cosas y recorrer la ciudad tranquilos. Siempre nos tomábamos el trabajo de mirar al menos dos plataformas (Airbnb y Booking por ejemplo); así hemos encontrado muchas joyitas (bueno, bonito y barato) y también buscando lugares en Google Maps (escribiendo: camping, sosta-camper, granja, agriturismo).
Armando las camas en la casa parroquial del pueblo.
La carpa en un campo privado al que pedimos permiso a los dueños para pasar la noche. Al fondo, un trullo (construcciones antiguas de la Puglia) abandonado que alguna vez fue la casa donde el dueño del campo nació.
En medio de una ruta entre campos, vimos gente en una estancia y les preguntamos si podíamos pasar la noche ahí y terminamos, entre otras cosas, durmiendo en esta bubble-house y en una fiesta con jacuzzi.

OTROS

Todo gasto extra ya es más personal.
Durante un viaje largo pueden necesitar algo de ropa, comprar productos de higiene (esos están incluidos en el presupuesto de comida ya que incluye todas las compras del tipo supermercado), accesorios extra para acampar que vayan necesitando, etc.

Algunas cosas extras que compramos durante el viaje:

*un mazo de cartas de póker para jugar a la Scala Quaranta
*un set de acuarelas y pinceles
*luces de navidad para decorar la carpa
*lona plástica impermeable para tapar las bicis
*linternas
*crema para hongos

También nos encontramos muchas cosas en la ruta, como:

*una batería portatil que dura unas siete cargas de teléfono y que seguimos usando al día de hoy.
*un par de zapatillas nuevas talle 45 (las usó Nico todo el verano).
*una mochila negra (la usamos como alforja en Sicilia).
*sogas, ganchos y otras cosas para atar que fueron multiuso.
*portaequipajes que sacamos de bicicletas semi desarmadas y abandonadas en la calle.

¿Es seguro viajar en bici por italia?

Con Paolino en la puerta de su casa: otro ciclista que conocimos en la ruta; compartimos viajes, comidas, charlas filosóficas y fuimos sus huéspedes por cinco días. Hoy es un amigo.

Primero definamos qué entendemos cuando hablamos de seguridad.

Tantos italianos nos dijeron que tengamos cuidado, que «Sicilia es peligrosa», que «la Puglia es peligrosa», que «el sur de Italia es peligroso», que «hay persone cattive» . A veces nos daba ternura: las mismas personas que nos decían que había gente mala eran los que, acto seguido, nos invitaban a a su casa, nos abrazaban, nos servían un plato de pasta.
Una siempre corre riesgos cuando decide hacer algo. ¿Si me quedo en mi casa estoy más segura? Mientras más cosas hacés, más posibilidades hay de que te pasen cosas. ¿Y si esas cosas son buenas?

No vamos a negar que hay cierto peligro si se viaja en bicicleta por Italia: casi no hay carriles exclusivos para ciclistas, las señales de tránsito no son las mejores, el asfalto no está perfecto, hay pozos, baches, mucha gente maneja mal, no hay suficientes banquinas, pero, ¿cuán más inseguro es eso respecto a caminar en una gran ciudad?
Si respetan las normas de tránsito y llevan el equipo de seguridad mínimo (luces, casco), lo único que hace falta es la confianza: confiar en ustedes mismos, en las decisiones que toman: los ciclistas también podemos ser causantes de un accidente; no se trata de que los demás cuiden de nosotros como si viajásemos en una cajita de cristal; nosotros también podemos distraer un auto o atropellar un vecino.

¿Qué pasa con la seguridad en general? ¿Con los robos?
El «miedo a que me roben», viniendo de donde venimos —la ciudad de Buenos Aires— que nos dio ese sexto sentido para la supervivencia, es nulo.
No es que Italia sea el paraíso: en Italia también hay inseguridad. En las ciudades se roban bicicletas, o les sacan alguna rueda, un asiento, pero lo que no hay (o al menos no que nos hayamos enterado nosotros) son esos asaltos «mano a mano en la calle». Tampoco es lo mismo una ciudad que un pueblo, o que un lugar turístico lleno de gente o que dormir en medio del campo.

Piensen que las bicis así tan cargadas llaman mucho la atención: no sé si atención desde el punto de vista de que alguien quiera nuestras cosas (nuestras bicis no eran súper bicis, nuestro equipaje era pura ropa y comida): siempre nos pareció que las bicis llamaban la atención porque mostraban que había alguien haciendo algo distinto, que generaban curiosidad. También tenemos esa sensación de que en Europa hay cierta facilidad para el consumo: ir a comprarse una bici, un par de alforjas, algo de ropa, es, en nuestra opinión, bastante accesible. No sé qué tan tentador puede ser robarse una remera chivada o un par de zapatillas con barro.

Lo que nosotros hacíamos, por ejemplo, cuando teníamos que entrar a un supermercado, era dejar las bicis en la puerta con todas las cosas salvo por una mochila pequeña que era la que guardaba todo eso importante que no se puede perder: las billeteras, los pasaportes, documentos, dinero en efectivo. Esa era la única mochila de la que no nos despegábamos nunca porque perderla no sería un impedimento para seguir viajando pero sí un dolor de cabeza.

Si les dá tranquilidad, aten la bici; nunca está de más. Con el tiempo una aprende a soltarse y relajarse y a confiar en los demás, en la honestidad innata de las personas, que es más fuerte que cualquier comentario sobre la «maldad que hay en el mundo».

Una vez que empiezan a entender los códigos de un barrio, de la ruta —como que en Italia «lo prohibido es una sugerencia» y que aunque un cartel diga que no se puede pasar, siempre se puede—, la clave está en ir atentos y seguros y confiar en sus propios criterios.

El instinto es nuestro aliado: si algo no me cierra, no me gusta, le hago caso: sentido común. Después, a disfrutar.

Con Ana y Sergio: los conocimos por Instagram, nos adoptaron como hijos y un día nos fuimos a pedalear alrededor de un lago muy cerca de Suiza. Era la primera vez que pedaleaban 60km; en el medio nos perdimos, nos reímos, lloramos, y para nosotros ese día fue como abrirles un pedacito de un día típico de nuestro viaje.

*BONUS TRACK

Escena de camping: la imagen de un viaje imperfecto que acababa de empezar y que nos iba a enseñar muchas cosas.

La peor caída que tuvimos fue llegando a Florencia, en bajada, casi de noche y llovía. La ruta rodeaba una colina y no había banquina. Nico pasó por un desnivel en el asfalto y se cayó y yo, que venía atrás suyo y bastante cerca, me caí encima de él. Nos raspamos un poco y tuvimos algún moretón. También se rasparon unas fundas y se dobló la rueda de atrás de Nico, que tuvo que pedalear hasta Florencia con la rueda chueca. Estamos bien porque la camioneta que venía atrás mío nos vio y frenó.

Una vez, bajando una montaña, creí que no llegaba a bajar la velocidad para doblar y me tiré contra los arbustos.

Para entrar a la Catedral de Milán sin pagar entrada, nos hicimos pasar por locales que iban a rezar.

La velocidad máxima alcanzada —en bajada, claro— fue 76km/h.

Entre la lista de cosas que nos regalaron en viaje, están: fotos impresas para hacer cuadros, una remera térmica, una moneda de colección, una bandera argentina, 50€, una bicicleta.


—¿Y? ¿Le recomendarías este viaje a alguien?

Mucho; sí. ¿Qué viaje no le recomendarían a alguien?
Si lo volveríamos a hacer, sí y no.
Sí volveríamos a acampar, una y mil veces, y sí volveríamos a viajar en bici, mil veces más, pero en viajes más cortos y con mejor equipo. Hoy, nuestro viaje ideal de este tipo sería recorrer una región un mes en bici y acampando libre. Llevar pocas cosas, tener un punto al que volver. Pero, como siempre que dijimos algo todo cambió, nunca sabemos con qué nos vamos a sorprender a nosotros mismos.


Que toda esta inexperiencia los haya llenado de emoción, de ganas de moverse, de probar cosas nuevas y de mandarse a hacer, porque ¿qué es lo peor que puede pasar?

Y si todavía necesitan un empujón, piensen que si nosotros pudimos, puede cualquiera.

*

  • Este artículo se escribió enteramente escuchando esta lista en Spotify.
  • Wordpackers es la plataforma que usamos para hacer el voluntariado.
  • En este link tienen 41€ de descuento para usar en Airbnb si se registran como usuarios nuevos.
  • Este es el link a la página del Decathlon Italia (es una tienda deportiva que está en todo Europa) para que puedan ver precios de bicicletas, equipo, ropa, etc. (O de kayacs o de equipos de buceos, no sabemos qué tan inspirados hayan quedado a esta altura).

4 comentarios

  1. FELICITACIONES Belu y Nico por tan completa guía de viaje!!!! Realmente todo tan bien organizado y explicado. Hermoso trabajo del equipo!!!!
    Muchísimas gracias por el gran aporte y apertura a compartir tan bella experiencia!!!
    Menuda tarea que se han tomado…. pero que refleja el gran entusiasmo y el cariño con el que fue confeccionada. Nuevamente fe- li-ci-ta-cio-nes y GRACIAAAAAAS al equipazo de enseguidavolvemos!!!!
    Los quiero mucho!!!!

    1. Author

      Muchas gracias por seguirnos en esa (y otras) locuras!!!

  2. Felicitaciones por el viaje y miles de gracias por toda la info que entregas por medio de tu blog. Soy chileno y comienzo mi viaje en bici por Italia ahora en la segunda quincena de Agosto. Toda la info que entregas me esta sirviendo mucho para la planificacion.
    Tengo dos dudas que a lo mejor me puedes ayudar:
    – ¿Ustedes contrataron seguro de viaje especial para viajar en bici? ¿ Que compañia de seguro usaron ? La recomiendas? Estoy buscando seguro ahora.
    – Si tuvieras que elegir una region de Italia para hacer un viaje en bicicleta cual sería? Tengo solo un mes y pensaba ir a Sicilia por precio, calidad de su gente y paisaje, pero el tema del calor me genera dudas.

    Gracias nuevamente y ojalá se les vengan nuevas rutas y experiencias en cleta.

    1. Author

      Hola Jose 🙂

      Nosotros teníamos un seguro de viaje común porque al momento de contratarlo no estaba en nuestros planes (ni en nuestra imaginación) hacer un viaje en bicicleta, pero si lo volviera a hacer miraría qué opciones hay y que precios tienen y creo que es importante ya que, por más precauciones que uno tenga, siempre hay un riesgo extra al viajar en bicicleta.

      Sobre la región que elegiría, me parece que Sicilia es un re buen destino por todo lo que decís y porque tiene una superficie “abarcable” para hacer en un mes. El calor es igual de duro en todo el sur de Italia, peeeero la ventaja de Sicilia es que siempre vas a estar cerca del mar, incluso si estás pedaleando en el centro de la Isla. Me parece un muy buen destino para empezar a conocer Italia. Mucha agua y vas a estar bien! Si te sirve, de las regiones que conocimos, a mi me voló la cabeza la Toscana, y la Puglia me parece también un buen destino más o menos por las mismas razones, pero si tenes ganas, creo que no te vas a arrepentir de Sicilia.

      Todo el éxito en tu viaje y que lo disfrutes mucho!!!

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