Guía para viajar en bici en la isla de Arran

Confirmado: la isla de Arran (se pronuncia áran) es Escocia en miniatura aunque, por las bahías, las playas de agua turquesa y la cantidad de verde, por momentos me sentía en algún lugar como Costa Rica. Es la primera isla que recorremos en bici y esta es nuestra —increíble— experiencia.


Ciertos lugares de Escocia me gustan mucho, pero mucho, como si vibraran diferente, como si me invitaran a quedarme, como si el tiempo ahí pasara despacio para que los explore a fondo. Una vez una escocesa me dijo que en los lugares donde hay menhires (o standing stones: esos monolitos de piedra generalmente dispuestos en círculo) hay una energía especial, y por eso sentimos una atracción particular por el lugar.

Días de viaje: 4 días, 3 noches.
Fecha de viaje: primera semana de mayo 2024
Equipo: bicis y equipo de camping.


Arran está ubicada en la costa oeste de Escocia, casi a la misma altura de Glasgow. Se llega en ferry: desde tierra firme se puede tomar el ferry en Troon o en Ardrossan y llegar a Brodick, el pueblo más “importante” de la isla (¡estamos hablando de menos de mil habitantes!). O se puede llegar desde otras islas, también en ferry, y bajando en Lochranza (200 habitantes).
El ferry en el que viajamos era enorme; entramos caminado y dejamos las bicis atadas a un costado, donde viajan los autos. Después, los pasajeros subimos unas escaleras y elegimos un asiento, adentro o afuera en la terraza. Como el día estaba hermoso, viajamos al aire libre y vimos de a poco cómo la isla aparecía en el horizonte. Nos sorprendimos de ver lo montañosa y alta que es (la montaña Goat Fell es el pico más alto de Arran, de 900 metros de altura). Creo que en nuestra cabeza imaginábamos una isla pequeña y baja, y cuando la imagen empezó a ser más nítida desde el ferry que se acercaba despacio, aparecieron los picos, los colores, las playas y los pinos. Me imaginé llegando a la isla de Jurassic Park.

Fecha de viaje: mayo 2024
Troon-Brodick: £4.20 por persona por trayecto. La bici, gratis.
Duración: 1 hora 15 minutos
Tickets: CalMac ferries


Distancia: 50km
Nivel de dificultad: Brodick – Lochranza: intenso, Lochranza – Machrie: bajo

Siempre los primeros días en lugares nuevos, cuando estoy de viaje, son intensos y maravillosos. Es difícil que no sean intensos porque las primeras horas son de reconocimiento, de adaptación y de sorpresa. Llegamos a las tres de la tarde a Brodick, comimos un sándwich casero con queso brie y salmón y ya desde ese primer bocado que todavía recuerdo me dije los sabores de esta isla son mejores: no sé si fue el efecto viaje, pero todo era riquísimo. Las uvas del supermercado eran más ricas. El queso era cremoso y fuerte.
Hay un solo supermercado en toda la isla y está en Brodick. Es un co-op, una cadena local que por lo general es la única que esta en las highlands y en el oeste de Escocia, así que ya entrar a comprar a un co-op es saber que estoy viajando, me encanta.
Con las provisiones en las alforjas empezamos a pedalear hasta la primera parada: Lochranza. Era casi una tarde de verano, estábamos en mangas cortas, transpirados; pedaleamos con el mar a la derecha y el sol hacía que el agua del mar se viese turquesa, verde. Tuvimos tráfico de ovejas y cabras y todo fue perfecto hasta que empezamos a subir. La subida en sí no fue el problema, yo hice alguna que otra parada para recuperar la respiración, y mientras más subíamos el sol pegaba más y más fuerte y fue hermoso (tres años viviendo en Escocia me hacen valorar mucho cuando el sol me toca la piel). El problema real — problema real— fue la bajada. Como todo lo que sube baja y estábamos volviendo hacia la costa, la bajada fue larga y sinuosa y empinada, y me dio miedo. Iba apretando y soltando los frenos para no quemarlos y en alguna ocasión también frené completamente para bajar la inercia, pero cuando al fin llegué a la costa me temblaban las piernas (que las tenía tensas y quietas apoyadas en los pedales), se me había entumecido un dedo de la mano izquierda por la posición de los frenos en el manubrio y me dolían los hombros. Nico llegó a registrar en su gps una velocidad máxima de 59km/h.

Después de una parada para visitar un castillo, pasar por una destilería de whisky y pedalear al sol, empezamos a buscar un lugar para pasar la noche. De un momento al otro la tarde se puso ventosa. Nico vio un rio y sugirió acercarnos a mirar. Justo al costado de la ruta había una tranquera metálica con un cartel que decía pesca privada. Como nosotros no íbamos a pescar nada, lo abrimos y caminamos unos metros, lejos de la ruta, hasta un lugar perfecto abajo de un árbol al costado del río. Tener acceso al agua era fundamental para pasar la noche porque habíamos tomado casi toda la que traíamos de Edimburgo, así que usamos nuestro filtro de agua y llenamos las botellas con agua de la isla. Amarilla, pero rica y fresca.
Empezamos a armar la carpa y el viento era tal que tardamos mil horas; pusimos todas las estacas y todos los vientos, la carpa se sacudía. Nos metimos adentro a cenar los quesos y el vino que habíamos comprado en Brodick y nos fuimos a dormir pensando en que tal vez dormir abajo de un árbol en ese viento no era la mejor idea. Cerca de las dos de la mañana el viento paró. Llovió un rato. Después volvió a estar ventoso, pero a la mañana siguiente había sólo una brisa cálida.

*El castillo de Lochranza que visitamos empezó a construirse en 1200 o 1300 y la destilería de Lochranza (que visitaremos la próxima) es una de las dos que hay en la isla.
*¡En este video se aprecia bastante el viento que había esa tarde!


Distancia: 30km
Nivel de dificultad: media/baja con algunas colinas

La primera parada del día dos fue buscar un desayuno. La verdad es que si hay algo que subestimamos fue encontrar comida en la isla: ¡no pensamos que iba a costar tanto! Arran es una isla habitada pero no tanto, mayo es recién el inicio de la temporada y mucha gente va en auto, lo que facilita ir a Brodick a stockearse al supermercado y volver a tu camping o alojamiento. Pero para nosotros que viajábamos en bici era diferente. Hicimos 15km hasta Blackwaterfoot, compramos unos rolls y los comimos en un banco frente a la bahía. Mientras los comíamos ví un cartel que decía bakery abierta – jueves a domingo desde las 10 hasta que se acaba el stock, y le pedí a Nico que fuera a buscar pan y croissants antes de que fuese demasiado tarde. Después, compramos un salmón en fetas y un queso en un Post Office, que era el único “mercado” y con eso teníamos que tirar todo el día, porque no había nada más después de Blackwaterfoot.

Volvimos 15km para atrás para ir a ver las standing stones de la isla abajo de una lluvia intensa que duró lo que duró la caminata. Vimos cómo la lluvia (la nube gris en el cielo) se movía de norte a sur y vimos cómo se iluminaban las colinas con el sol. Nos encontramos con una pareja de franceses que hacían autostop y cuando se nos secó la ropa empezamos a pedalear hacia la punta sur de la isla. A los pocos kilómetros frenamos devuelta para hacer otro trekking: una caminata por un bosque con vistas al mar hasta bajar a la playa y llegar a unas cuevas, The Kings Caves. Nos metimos en las cuevas y encontramos cientos de piedras en equilibrio, marcas y escritos en las rocas; me hizo acordar a una experiencia que tuvimos en la Riserva dello Zingaro, en Sicilia.

El resto de la ruta fue hermosa. Decidimos pasar la noche en un camping porque no encontrábamos un buen lugar para dormir en la playa. Vimos lobos marinos en la bahía y armamos la carpa con vistas a una isla con un faro mientras cenábamos salmón en baguette con tomate y arándanos. Empezó a llover cerca de las 9 de la noche, y llovió un poco más mientras dormíamos. Es bastante cómodo estar en un camping, darse una ducha de agua caliente, pero después me acuerdo que la gente es ruidosa, como las dos españolas en una carpa cercana a la nuestra, que no paraban de hablar a los gritos a medianoche, y los tempraneros que arrancan antes de las 8 a abrir y cerrar las puertas de sus caravan, o las alemanas que pusieron un podcast mientras calentaban el café a la mañana. Lo que me gusta de los campings es la vida en comunidad, los vínculos que se arman, la facilidad de dejar las cosas y salir a pasear, pero poco se compara con la paz de hacer wild camping.

*Acá escribí sobre una experiencia en Sicilia viviendo un mes en un camping, y acá mi primera experiencia haciendo wild camping.
*El camping en el que nos quedamos en la isla de Arran es el Seal Shore Campsite. Hay al menos dos o tres campings más en la isla.
*Las cuevas que visitamos son las Kings Caves.
*Las Machrie Moor Standing Stones son un paisaje arqueológico que incluye círculos de piedras, menhires, entre otras cosas, ¡que datan de los años 3500 y el 1500 a.C.!


Distancia: 25km
Nivel de dificultad: bajo

Los primeros diez kilómetros fueron hasta Whiting Bay para buscar un desayuno. Comimos un croissant con un café en un local chiquito que vendía fruta y verdura suelta, y otros productos locales. Después, volvimos un poco para atrás para hacer una caminata hasta una cascada. Tomamos un poco de whisky de nuestra petaca en el camino y nos metimos por bosques y senderos embarrados. Después nos fuimos a almorzar al pub del pueblo antes de que cerrara, comimos con vistas a la bahía. La última misión fue volver a Brodick, comprar provisiones para la cena y buscar un lugar para pasar la noche. Caminamos bastante a lo largo de un sendero llamado Fisherman´s walk y elegimos un lugar en la playa para armar la carpa. Habíamos llevado la campingaz pero teníamos la válvula incorrecta así que tuvimos que improvisar un fuego con ramas y papel y comimos unos noodles con verduras. Dormimos muy bien al lado del mar que estaba estático, no se escuchaba nada. Vimos un ferry varado en el mar por horas; me picó un midge en la panza; hicimos una caminata larga por la playa y juntamos piedras de colores en la costa. Vimos algo que se asomaba brevemente del agua y supusimos que era otro lobo marino. Una señora que caminaba al anochecer nos preguntó si estábamos lo suficientemente calentitos en la carpa. Este día tres fue de descanso y caminatas, y dormir en la playa la última noche fue la coronación perfecta de este viaje.

*El sendero que te lleva a la cascada se llama Glenashdale Falls o Eas a’ Chrannaig.
*Me encantó el local donde desayunamos y compramos algunas cosas. Se llama The Bay Kitchen and Store y tiene muchos productos locales y una mesa para desayunar y charlar con los vecinos. Es prácticamente el único mercado en la zona.
*Los midges son unos mosquitos muy chiquitos de Escocia que aparecen en verano en zonas “rurales” o más abiertas y atacan en manada, dejando picaduras muy chiquitas; además, como se mueven todos juntos, son increíblemente molestos.


Como teníamos toda la mañana libre hasta las 2 de la tarde que salía el ferry para volver a casa, dejamos las bicis estacionadas y nos fuimos a hacer un trekking por un valle, el Glen Rose. Había bastante gente caminando y había bastante neblina lo que hizo que todo fuese más místico, más escocés. Nos subimos al ferry después de almorzar y nos bajamos en Troon, en tierra firme, para tomar un tren a Glasgow y otro a Edimburgo, y pedalear a casa.


Ya habíamos visitado una isla escocesa antes, la famosa isla de Skye, aunque a veces se diga que no es “isla” porque está conectada con tierra firme por un puente, pero sí hubo algo que sentí en común entre Skye y Arran y fue una sensación de lejanía de todo, de que el tiempo pasa lento y las cosas están lejos. No hay un almacén inmediato y para todo hay que esperar —en el auto, arriba de la bici— y también hay que prever, planificar —¿tengo todo lo que necesito para las próximas horas? ¿voy a ir hacia el este o el oeste primero? ¿cuántas horas se tarda en llegar?
Tuve como una sensación de estar desconectada de todo lo demás, pero a la vez estar muy presente en la isla, como si al estar separada por agua lo demás se volviera borroso y lo único real sea el suelo que estoy pisando.
También me dio una sensación de seguridad y claustrofobia, de que somos los que somos y estamos acá todos juntos, desparramados en la isla, pero también si el ferry falla, nos quedamos varados, hasta próximo aviso.
Este viaje me despertó las ganas de viajar a islas todavía mas remotas, quizás pronto escriba sobre eso.

*

1 comentario

  1. Que bella experiencia Belu!! Cuántas cosas hermosa nos da la naturaleza y a partir de ahí todas las sensaciones y vivencias que puede generar…
    Lo de las piedras en circulo me recordó a la serie Outlander…
    Tu bajada en bici me trajo recuerdos, a mi siempre me dio miedo bajar desde cierta altura con la bicicleta, como me sucedió una vez en Miramar.
    Admiro tu capacidad para la aventura y las nuevas experiencias. 😃😃
    Te quiero mucho.

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