El alquimista

Mi cuña-locutora Cami Martin hizo este texto en versión audio y para mí fue mágico escucharla y escucharme.


Cuando no los buscamos, los libros llegan a nosotros cuando tienen que llegar. Ese día estábamos en un departamento en la localidad de Noto, en Sicilia. No había wifi y el celular captaba una rayita de señal sólo en un rincón del entrepiso: la casa era un búnker.

«Las cosas simples son las más extraordinarias y solo los sabios pueden verlas.«

Me pasa que cuando entro en casa ajena o en algún hostel y veo un estante con libros o alguna biblioteca tiendo a soltar lo que tengo en las manos y recorrer con los dedos y los ojos, de arriba a abajo, los lomos en busca de un tesoro. Como revolver las cajas de cartón con libros usados en la puerta de alguna librería: me imagino que ahí atrás, un poco empolvado, están los textos de un autor que no se consigue en Argentina.

Estaba entonces en esta casa búnker y afuera lloviznaba. Toda la semana el cielo había estado gris. Noto es chiquita pero tiene una de las peatonales más lindas que conocí en esta isla. En una extremo se ven al fondo las montañas y en la otra, una galería de árboles tupidos que desemboca en un pequeño valle entre las rocas. La peatonal está contenida por la arquitectura barroca siciliana. En 1693 hubo un terremoto en la zona y todas las ciudades quedaron destruidas (algunos restos se pueden visitar). Reconstruyeron varias ciudades más abajo y llamaron a los mejores arquitectos de moda para que diseñaran catedrales, palacios. El resultado es una localidad amarilla (porque usan una piedra local color arena). Los edificios patrimoniales están bien cuidados pero, caminando un poco por adentro, hay casitas que parecen sacudidas por el viento, como que se caen un poco para un costado. Entrando por un pasaje y en una de esas casitas estaba yo de frente a tres estantes en un ángulo de la planta baja sobre los que descansaban seis o siete libros.


Una noche de invierno en el centro histórico de Noto, vacío.

Hasta entonces había leído un solo libro de Paulo Coelho, y hacía mucho que quería leer El Alquimista. El libro, obviamente, estaba en italiano. Pero como tiene una escritura simple y pausada me sorprendí entendiendo las oraciones y al final no podía parar de leer.

El protagonista viaja con sus ovejas por los campos del sur de España, parando en pueblos para vender su lana, hablando con los pueblerinos, buscando dónde dormir. Me sentí un poco yo misma en el sur de Italia, entre campos con cultivos de frutas y verduras, recolectando almendras de un árbol o robando limones a un vecino, mirando todo desde afuera y desde adentro. Después, el chico cruza el charco. Se va a África a buscar un tesoro. África es, para él, ese lugar desconocido, oscuro, extraño; hablan otro idioma, tienen otras costumbres.

África, para mí, es el viaje: ese lugar a donde vamos a buscar alguna verdad que tenga sentido, alguna respuesta universal. Ahí está todo lo que no conocemos y que nos da miedo, pero que igual deseamos descubrir.

Entonces empiezan a aparecer miradas sobre esas cosas que giran en mi cabeza ahora que estoy lejos de todos.


«(…) existe una gran verdad en este planeta; seas quien seas o hagas lo que hagas, cuando deseas con firmeza alguna cosa, es porque este deseo nació en el alma del Universo. Es tu misión en la Tierra. (…) El Alma del Mundo se alimenta con la felicidad de las personas. O con la infelicidad, la envidia, los celos. Cumplir su Leyenda Personal es la única obligación de los hombres. Todo es una sola cosa. Y cuando quieres algo, todo el Universo conspira para que realices tu deseo.«

Pensaba en todas las cosas que nos dio el Universo en este viaje, desde los hallazgos ruteros (como las herramientas que después usamos para arreglar las bicis) hasta las personas que nos levantaron haciendo dedo (autostop). Nico siempre dice que todo tiene que ver con la energía que ponemos nosotros: la sonrisa al pedirle a un auto que nos lleve, los abrazos a la familia lejana que acabamos de conocer, el pensamiento positivo.

Él es mucho más sabio que yo.

«Y cuando todos los días se vuelven iguales es porque ya no nos damos cuenta de las cosas bellas que suceden en la vida cada vez que el sol atraviesa el cielo.«

Si presto atención, incluso esos días que parecen una serie de más de lo mismo —como cuando vivimos un mes en la casa de la familia de Nico en un pueblo siciliano, donde ya no sabíamos qué hacer— están llenos de detalles que los hacen diferentes: una conversación, una forma de preparar el café a la mañana, algo extraño que pasa en la calle. Un día en Buenos Aires hice el ejercicio de anotar anormalidades en una vuelta en subte a casa y terminé con una lista de cosas que ví (y sentí) sólo porque usé mi tiempo para mirar y escuchar en vez de abstraerme en un libro o en mis pensamientos.

«El muchacho comenzó a envidiar la libertad del viento, y percibió que podría ser como él. Nada se lo impedía, excepto él mismo.«

«Ahora soy triste e infeliz. ¿Qué hago? ¿Me vuelvo un amargado y no confío nunca más en nadie porque uno me ha traicionado? ¿Odio a todos los que han encontrado un tesoro (…) porque yo no he encontrado el mío? ¿Me aseguro de siempre cuidar lo poco que poseo porque soy demasiado pequeño para abrazar el mundo?«

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.